Hoy se cumplen 13 años del inicio del proyecto de transformación de la Atención Temprana (AT) en Castilla-La Mancha, una fecha señalada que marca un antes y un después en la forma de entender y desarrollar la intervención con la infancia y sus familias.
En la última década (2013-2023), la región ha experimentado un avance notable en este ámbito, impulsando cambios profundos basados en la incorporación del conocimiento científico, la reflexión ética y la necesidad de repensar las prácticas profesionales. Este proceso ha estado caracterizado por una fuerte apuesta por la colaboración interinstitucional y el trabajo en red.
Plena inclusión Castilla-La Mancha ha desempeñado un papel clave como motor de este cambio, promoviendo una comprensión compartida del modelo de Atención Temprana y favoreciendo la coordinación entre entidades, profesionales y administraciones públicas.
Este camino no se ha recorrido en solitario. Ha sido posible gracias a la implicación de entidades sociales, organizaciones privadas, administraciones locales, universidades españolas y las Consejerías de Bienestar Social, Educación y Sanidad. Un esfuerzo colectivo que ha permitido construir una red sólida y comprometida con la mejora continua.
Uno de los datos más significativos es que el 88,06% de los centros y servicios de Atención Temprana que forman parte de la red pública en Castilla-La Mancha están integrados en este proyecto, reflejo del alto grado de adhesión y del valor del trabajo colaborativo desarrollado a lo largo de estos años.
Durante la pandemia de la COVID-19, el sistema demostró su capacidad de adaptación, incorporando estrategias de teleintervención para garantizar la continuidad y calidad de los apoyos a las familias.
El punto culminante de este proceso llegó en 2023 con la aprobación de la Ley de Atención Temprana en Castilla-La Mancha, consolidando el compromiso institucional con la infancia y reconociendo la importancia de un modelo centrado en los derechos, las necesidades y el bienestar de niños y niñas y sus familias.
Estos 13 años representan mucho más que una evolución técnica, simbolizan una apuesta firme por invertir en infancia y por construir, desde la colaboración, un sistema de Atención Temprana más inclusivo, coordinado y eficaz.



